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Una mujer busca un tabasco

La utopía y sus opuestos Terry Eagleton Traducción Ana Useros Hay algo extrañamente autorrefutativo en la idea de utopía. Como sólo disponemos del lenguaje del presente para hablar de aquello que lo trasciende, siempre corremos el riego de clausurar nuestros imaginarios en el acto mismo de su articulación. Toda utopía es, por tanto, al mismo tiempo distopía, pues al tratar de liberarnos de los grilletes de la historia, no puede evitar recordarnos lo fuertemente que nos maniatan. Hay algo extrañamente autorrefutativo en la idea de utopía. Es algo que resulta obvio si se piensa en los abundantes relatos de abducciones alienígenas. Lo que hace que esas historias resulten tan sospechosas no es la exoticidad de los extraterrestres, sino justamente lo contrario: el ridículo aire familiar de esas criaturas, su risible alienigenidad no alienígena, desmiente los tumultuosos informes de sus víctimas. Su habla y sus cuerpos son grotescamente diferentes a los nuestros, excepto por el hecho de que tienen cuerpos y de que pueden hablar.

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Para eso sirve: para caminar. Un tiempo presidido por una visión cartesiana, dualista, del mundo, cuyos valores dominantes en el plano social, definidos desde la visión masculina y occidental del globo, tuvieron la pretensión se servir como valores universales que alcanzasen a todos los seres humanos pretensión que, por cierto, se sigue manifestando desde quienes tienen el poder en la academia de la globalización. La Modernidad es, por tanto, un momento histórico y una cosmovisión esencialmente dominadores para el colectivo femenino, en todas las culturas. También me gustaría aclarar que utilizo el concepto de paradigmaen el arrepentido de cosmovisión, de un conjunto de modelos de interpretación del mundo y de formas de comprenderse en ese mundo.

Una mujer busca un mejorar

La utopía y sus opuestos

Es una interpretación otra, de las condiciones políticas que facilitaron una inserción arbitrario de las mujeres santiagueras a la consecución del voto. Ésto hizo todavía que las mujeres se mantuvieran de manera tangencial ante estos manejos. El voto de la mujer fue un simple juego de ajedrez de los partidos políticos, que consideraban ventajoso armar el sufragio femenino para obtener gloria ante estas luchas de poderes.

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